Los cuatro poderes curativos de la mente
Autor: sin identificar
Traducción, edición y Comentario: María Mercedes Márquez
Instrucciones y sesión de meditación durante 25 minutos
El corazón del camino budista es la práctica de la meditación. El desarrollo de la atención y la conciencia plena, constituyen la base esencial en cuanto a la comprensión de nosotros mismos y la comunicación con los demás. Es un prejuicio común considerar que el camino espiritual nos aleja de nosotros llevándonos a una existencia superior y más apacible.
Vista así, la práctica de la meditación se percibe como una droga o una manera de apartarnos de la realidad de la vida. Sin embargo, a través de sus enseñanzas, el budismo enfatiza que la práctica de la meditación no es un escape sino una forma de “empezar desde el principio”.
Empezar con lo que tenemos, con lo que creemos que somos, con nuestra neurosis, temores, fantasías, negatividades y autoengaños. Todo esto constituye el punto de partida en el camino de la meditación. De modo que no rechazamos nada, sino que, por el contrario, tratamos de profundizar en cada uno de estos aspectos para obtener una mayor comprensión de nosotros mismos y de los demás.
La práctica de la meditación nos hace volver constantemente a trabajar con lo que es y no con lo que podría ser. Permanentemente estamos volviendo al principio. Siempre aquí, siempre ahora. Por tanto, en el corazón del viaje personal de la práctica de la meditación se encuentra la voluntad de ser simplemente quienes somos. Se trata de un proceso de aceptación más que de manipulación.
Aceptamos cualquier cosa que surja en la mente, cualquier cosa que percibamos con los sentidos. Nos entrenamos en percibir la presencia de lo que sucede sin agregarle nada más, ni un comentario. Lo dejamos ser y ya continuamos centrando la mente en nuestro objeto de meditación. En este caso, la respiración.
Para poder encontrar verdadero bienestar, el mejor lugar para buscarlo está cercano a casa. Nosotros podemos viajar alrededor del globo cientos de veces removiendo cada roca sobre la tierra en nuestra búsqueda de la felicidad, sin embargo, esto no necesariamente nos brindará lo que buscamos. El dinero tampoco necesariamente proporciona bienestar, ni tampoco lo hace un cuerpo joven y saludable.
La salud y el dinero nos pueden ayudar claro está, pero la verdadera fuente de paz y alegría es nuestra propia mente. La mente desea ser pacífica, ese es realmente su estado natural, pero hay tantas distracciones y son tantas las cosas que deseamos y que pueden oscurecer nuestra naturaleza pacífica... Es característica de nuestro tiempo la alta velocidad de nuestra forma de vida, especialmente en Occidente.
Todo es una carrera. La meditación puede ayudarnos a disminuir la velocidad y así poder entrar en contacto con nuestra propia naturaleza. Cualquier meditación puede ayudarnos. El objeto de nuestra contemplación puede ser una flor, una imagen religiosa o un sentimiento positivo. O incluso pudiere ser nuestro propio cuerpo.
Una forma especialmente efectiva para desarrollar una mente pacífica es la de meditar en el cuerpo. Haciendo esto nosotros promovemos el bienestar de todo nuestro ser. A través de la meditación, podemos aprender cómo guiar nuestras mentes a crear una sensación de paz en el cuerpo.
Esto puede ser tan simple como relajarse y decirnos a nosotros mismos, ‘Que mi cuerpo pueda estar calmado y pacífico ahora’ y realmente sentir que está sucediendo. Es el comienzo de la meditación -y también de la sabiduría.
Este enfoque es un tipo de regreso a casa. Estamos reintroduciéndonos a nosotros mismos a nuestros cuerpos y estableciendo una conexión positiva entre el cuerpo y la mente.
Con frecuencia tenemos una cierta relación distante y tirante con nuestro propio cuerpo. Pensamos que es poco atractivo o feo, o quizás nuestra salud no es buena, o por el contrario, nos gusta el cuerpo, lo cuidamos y alimentamos anhelos alrededor de el.
Pero incluso si cuidamos muchísimo del cuerpo, entonces nos inquieta que pudiese ser mejor de lo que es, o que pudiese enfermarse o ponerse viejo. Así que tenemos conflictos y ambivalencia. El cuerpo se convierte en un objeto de ansiedad.
El cuerpo y la mente están íntimamente relacionados, y la relación de la mente y el cuerpo en la meditación es muy interesante. Cuando vemos el cuerpo como hermoso y pacífico, ¿quién o qué está creando esas sensaciones? Es la mente.
Al crear sensaciones pacíficas en el cuerpo, la mente está absorta en ellas. Así, el cuerpo es el objeto a ser sanado, pero también se convierte en el medio para sanar la mente. La sanación de la mente es el máximo objetivo de la meditación.
La verdadera sanación y bienestar tienen que ver con disfrutar de una conciencia de paz, de la paz ulterior, la paz esencial de la existencia. Esto no quiere decir que la mente sea pasiva. Una mente abierta al pensamiento y a la paz sin restricciones ni contaminaciones es la máxima alegría y fortaleza.
Cuando estamos realmente conscientes de la paz, nuestra naturaleza florece con completo vigor. Algunas personas están tan totalmente abiertas a la verdadera naturaleza de la existencia que son pacíficos sin importar cuáles sean las circunstancias.
Para la mente iluminada, la paz no depende de ningún objeto ni concepto, no depende de las circunstancias. La conciencia de la absoluta naturaleza de las cosas, la verdad universal, no está limitada o condicionada por conceptos, sensaciones, o etiquetas convencionales tales como bueno o malo.
Una mente que es libre puede trascender las categorías dualistas tales como paz vs conflicto y alegría vs sufrimiento. La mente iluminada no discrimina entre una realidad subjetiva u objetiva, ni entre el gustarle o no gustarle, el tiempo es atemporal y todo en la existencia es perfecto tal cual es.
Antes de que esto comience a sonar demasiado teórico, debo decir que hay muchos seres que están iluminados hasta uno u otro nivel, y podemos inspirarnos en los relatos de iluminados, donde la paz está en todas partes incluso donde reina el caos.
Pero, para la mayoría de nosotros, la meta debe ser la de trabajar con nuestras mentes ordinarias y simplemente tratar de ser un poquito más pacíficos y relajados en nuestra forma de abordar la vida.
Si estamos un poco más calmados, eso nos ayudará a lidiar con los problemas en una forma más acertada, aún cuando los problemas mayores continúen siendo difíciles. Puede ser de utilidad recordar que la mente iluminada y la mente ordinaria o corriente, son dos caras de la misma moneda.
La mente es como el océano, puede ser tempestuoso en la superficie con olas enormes azotadas por vientos feroces, pero en el fondo es calmado y pacífico. Algunas veces nosotros podemos tener atisbos de esta mente pacífica incluso en momentos conflictivos.
Estos destellos de paz nos muestran que nosotros pudiésemos tener mucho más recursos interiores de lo que pensamos. Con sabiduría y paciencia, nosotros podemos aprender cómo estar en contacto con nuestra propia paz.
C. Reflexionemos por unos instantes,
Si hemos vivido momentos donde ha estado ausente la ansiedad, ese simple hecho debería ser suficiente para revelarnos que nuestro estado mental natural es aquel donde la ansiedad no existe.
Si hemos vivido momentos donde han estado ausentes la inquietud y la preocupación, ese simple hecho debería ser suficiente para revelarnos que nuestro estado mental natural es aquel donde la inquietud y la preocupación no existen.
Si hemos vivido momentos donde han estado ausentes la depresión o el temor, la expectativa, los celos o el estrés, ese simple hecho debería ser suficiente para revelarnos que nuestro estado mental natural es aquel donde estos no existen.
La paz mental no es algo que nosotros reservamos para la meditación o para la contemplación de pasadas experiencias como si fuese alguna sensación especial separada de nuestra vida diaria. Nosotros podemos incentivar la mente a ser mas pacífica todo el tiempo, es así como mejora nuestra perspectiva a la vez que aseguramos nuestro bienestar. En las altas y bajas de la vida, la oportunidad siempre está allí para cultivar conciencia de sensaciones positivas.
Cuando hablamos acerca de la paz, a veces la gente equivocadamente piensa que esto significa el desligarse a usted mismo del curso de la vida. Esto no podría estar más lejos de la verdad. La forma para verdaderamente sanar su vida es estando despierto y atento a sus simples alegrías, y desarrollando una actitud abierta, acogedora, hacia todas sus actividades y encuentros con otras personas.
Debemos disfrutar y estar totalmente involucrados en lo que sea que hagamos. Noten cuando sientan apertura y paz. Estén concientes de cualquier sensación de libertad. La conciencia despierta es la clave. Si están concientes de la paz, ésta puede convertirse en parte de sus vidas. Cuando se sientan en paz, disfrútenlo. No fuercen sus sensaciones ni tampoco vayan en su búsqueda.
No hay necesidad de aferrarse a nada. Simplemente estén atentos y despiertos, y permitan que la sensación se abra y florezca. Permitan que se expanda. Permanezcan con cualquier sensación positiva; permitan que su mente repose en ella. Ustedes podrían encontrar que su cuerpo también se siente en calma. Si su respiración se siente más relajada, o si ustedes sienten una sensación de calidez, hagan una pausa para notarlo y disfrutarlo.
Es posible sentirse calmado y alegre sin ninguna razón aparente, o bajo circunstancias retadoras. La mente iluminada no necesita de un objeto o sensación de paz para surgir espontáneamente. Sin embargo, para la mente ordinaria, para la mente común y corriente, es mejor utilizar sensaciones positivas como punto de partida en la siguiente forma: esté consciente de lo positivo.
Al comienzo, nos recomiendan enfocarnos en situaciones e imágenes positivas y regocijarnos en su poder sanador. Pudiese ser que una persona de buen corazón le ha saludado con una luminosa sonrisa, o que usted mismo haya hecho espontáneamente algún pequeño acto de gentileza. Los simples actos de dar un paseo o de disfrutar una taza de té pueden proporcionarnos contentamiento e inclusive alegría, si nuestra actitud es abierta y receptiva, si desarrollamos una actitud de apreciación.